Sabina y Prado, noche de whisky y amigos en el Civican de Pamplona
Antonio J. Juliá • 26/04/2008 • Área: PopCuando Joaquín Sabina tenía 15 años, pidió a su padre que le regalara una guitarra en vez del reloj de pulsera que le tenía reservado por aprobar 4º de Bachillerato y reválida. Considerado uno de los mejores compositores de todos los tiempos gracias a sus letras cargadas de nostalgia y extremadamente poético, Sabina es el gran poeta urbano de finales del XX y comienzos del XXI.
Con el regusto de su última noche con su “compadre el catalán (Joan Manuel Serrat)”, Sabina se presentó en los Diálogos de Medianoche del Civican de Pamplona con la intención de presentar algunos de los últimos libros que ha venido escribiendo desde su “marichalazo”. Tras la isquemia cerebral que casi le lleva a la muerte, y decidido a dejar las drogas y el rock & roll, García Montero y Prado empujaron al cantautor a sacar sus sonetos y versos de los cajones.
Siempre cómplices con el público, la velada, que comenzó pasadas las doce y cuarto de la noche, terminó convirtiéndose en una reunión de amigos que discuten de whisky y poesía. Benjamín Prado, autor de algunas de las canciones del músico de Úbeda, comenzó pidiendo paso como su otra pareja de baile. “Es verdad que Serrat escribió Mediterráneo, ganó mucho dinero con sus canciones y tiene su propia marca de vinos. Pero yo soy más guapo”, añadió entre risas.
El madrileño, autor de Marea humana o Nunca le des la mano a un pistolero zurdo, siente envidia por todo el público que abarrota los conciertos de Joaquín, una sensación “prohibida para un humilde poeta”. Recitó algunos de sus últimos poemas como Números rojos, Pregúntale Ana Botella (”que no se refiere a nadie en especial”) o El inmigrante.
Sabina, por su parte, leyó algunos de sus Ciento volando de catorce, recuerdos de infancia y epístolas que ha recuperado para el libro A vuelta de correo: “Cartas que me escribí con mis amigos y otros enemigos íntimos”, dijo.
Ambos recordaron algunas anécdotas que rompieron la barrera del público y se denominaron a sí mismos “viudas desconsoladas” en homenaje a Ángel González, herencia que recogen en la actualidad con los diversos actos en homenaje del genial poeta asturiano.








RSS