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Un café con las hadas junto a la Rambla

Urbit.es • 24/05/2008 • Área: Ciudades

Primero atravesarás la Rambla, procurando no llamar excesivamente la atención. Tal vez tengas que dar unas monedas a algún titiritero, buhonero o bandolero, para que te indique la ubicación exacta del mágico lugar El Bosc de les Fades, donde las hadas te acompañan mientras tomas un café. Deberás continuar hasta el último tramo de la Rambla, donde Eduardo Manos Tijeras se burla de los paseantes y Jack Skeleton, jubilado y convertido en pianista, toca eternamente la misma triste melodía.

Verás entonces una vieja marquesina verde, hoy ya en desuso, y ahí deberás girar a la izquierda. Pasarás entonces por un extraño pasaje, flanqueado por pajaritas de colores. El passatge del temps, le llaman, un buen lugar para descansar y reposar de tan largo viaje, pero no el lugar que buscamos. Seguirás hacia delante: al principio creerás haberte metido en un callejón sin salida, pero tras esos instantes de indecisión repararás en un extraño edificio de piedra blanca y grandes ventanas, custodiado por personajes que conoces muy bien: Supermán, C3PO, Charles Chaplin. Sonreirás complacido, pues sabes que ninguno de ellos es de verdad, sino que son meras reproducciones (muy bien hechas, eso sí) de los originales. Probablemente el gran cartel que reza ‘Museo de la Cera’ te ha ayudado también en tu juicio.

Además sabrás que estás tras la pista adecuada, pues al colocarte a sólo doce pasos de la entrada del museo se abrirá a tu derecha un pasadizo, apenas un callejón, de final incierto para el ojo inexperto. Deberás avanzar por él, poniendo sumo cuidado en no pasar de largo: las hadas son caprichosas y si se sienten molestas contigo o simplemente no les caes simpático harán desaparecer la entrada de su guarida encantada, y tú pasarás de largo y acabarás en la calle, rodeado de tráfico y gente ajetreada.

Un lugar de cuento

Pero si eres capaz de romper el hechizo, si logras por fin vislumbrar la entrada secreta, hallarás en su interior un misterioso y mágico lugar, donde todos tus sueños y recuerdos infantiles volverán a asaltarte. Aun así, no debes relajarte: aparta las ramas de los árboles encantados que saldrán a tu encuentro, localiza tu sitio entre las mesas de roble viejo (si es que queda alguna), o si lo prefieres siéntate junto a la cascada que hallarás frente al castillo encantado.

Notarás en tu piel la frialdad de la piedra: el lánguido quejido del agua al sumergirse en el arroyo revivirá en ti sensaciones casi perdidas con los años. Tal vez sientas algo de frío. En ese caso busca el calor de algún candil próximo. Una vez acomodado, déjate llevar por tus recuerdos o simplemente trata de pensar en la última vez que fuiste tan dichoso, o te sentiste tan joven o tan mayor.

Nadie sabe lo que se siente al entrar y todos lo olvidan cuando salen, aunque después siempre quieren volver, una y otra vez, pues lo que allí experimentaron no volverán a sentirlo en otro lugar. Pero cuidado: cuando te vayas no olvides dar las gracias a las hadas, o la próxima vez no te dejarán entrar.

Dónde encontrarlo:

Por Andrés Lopetegui, desde Barcelona

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