El pincho del éxito se sirve en el Gaucho de Pamplona
Patricia Sáinz de Robredo • 26/05/2008 • Área: Ciudades, Vídeo&AudioUna parada obligada para los amantes de la buena mesa y, sobre todo, de los buenos pinchos debe ser Pamplona. En la capital navarra se hallan algunos de los paraísos más sorprendentes de la cocina española. Uno de ellos se encuentra en la esquina de la calle Espoz y Mina, haciendo historia y deleitando con sus creaciones a forasteros y autóctonos.
Han ganado premios en los últimos cuatro años de la Semana Navarra del Pincho, han terminado finalistas entre cuatrocientos bares de toda España y han pronuciado discursos delante de los críticos más importantes del mundo. Sin embargo, esto es tan sólo una pequeña parte de lo conseguido por los dueños del bar Gaucho: dos matrimonios que trabajan juntos desde hace 25 años y cuyos primeros pasos en la cocina fueron en Sangüesa, un pueblo navarro.
Después de un año y medio con un restaurante en esta localidad, lograron un puesto en la prestigiosa Guía Michelín. Pero querían algo más. Así que tras buscar varios destinos encontraron un local perfecto para poner en marcha un bar de pinchos en pleno Casco Antiguo de Pamplona.
Desde entonces, sorprenden con delicias repletas de buen sabor y originalidad. Todo ello es fruto de un proceso creativo que comienza en la cocina y continúa con los consejos de sus clientes más cercanos. “Son ellos los que nos orientan sobre por dónde ir y, finalmente, se añade el toque de decoración para que además de por la boca entre por el ojo”, explica Jesús, uno de los fundadores y cocinero del Gaucho.
A partir de ahí aparecen pinchos como el birmano, una peculiar combinación de anguila con gelatina de tomate o el caramelo crujiente de espinacas y gambas. Niños, jóvenes y mayores se chupan los dedos con cada uno de los manjares que se esconden tras la barra. “Lo bonito de la cocina es ver que a la gente le gusta, que lo comen una vez y vuelven a hacerlo”, dice el cocinero.
Sabores internacionales
Las delicias del Gaucho no entienden de fronteras. Por esta razón, hace unos meses un alemán les contrató para celebrar una fiesta privada en el país germano. “Aunque allí tenían buen vino blanco lo llevamos de aquí; mandó una furgoneta frigorífica y enviamos todo el género”, asegura uno de los dueños.
Los invitados a la fiesta degustaron las delicias pamplonicas y el resultado fue un rotundo éxito en todos lo sentidos. “Muchos iban vestidos de San Fermín y de andaluces, fue muy bonito”.
Quizá dentro de un tiempo se desplacen de nuevo pero, esta vez, a Verona. El dueño de varios bares de esta ciudad italiana les ha invitado para que lleven allí sus pinchos. Los planes para el futuro abundan y quién sabe si otros lugares del mundo disfrutarán con el tiempo de la bomba dos salsas o de cualquiera de sus creaciones.
El secreto de tanto éxito ha sido la apuesta por los productos de calidad, el buen gusto “para maridar los sabores” y, por supuesto, las ganas de trabajar: tres ingredientes indispensables para la receta del triunfo.








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