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El universo tipográfico de nuestras calles

Markus Steen • 26/05/2008 • Área: 360, Pop, Portada

Lienzos que compiten en las casas de subastas por el mejor postor, concejalías de turismo y urbanismo que sueñan con que un arquitecto de renombre haga sus delirios arquitectónicos en su ciudad, centros de arte contemporáneo que adquieren las video-instalaciones más vanguardistas a golpe de talonario. Mientras las marcas blancas de los supermercados no dan a basto debido a la crisis internacional, las artes plásticas viven su particular momento de bonanza económica. El último en entrar en este selecto club ha sido el pintor Lucian Freud, que subió al primer escalón del podio de los pintores vivos más cotizados hace unas semanas.

Sin embargo, en la gran dinastía de las artes plásticas, la oveja negra es la tipografía, la gran olvidada. El infinito desplegable de fuentes del Word tiene mucha historia y trabajo detrás. Un dato: la familia de letras que se emplea en la actualidad en la mayoría de los libros de lectura, la Garamond, tiene casi cinco siglos de vida. Su creador, Claude Garamond.

El antiguo arte de interpretar y comunicar con texto está muy alejado de la fama en la que viven sus colegas de oficio. “Pero, ¿dónde está la belleza y la armonía en cada una de las letras que en este preciso momento estoy contemplando con más atención que nunca?”, se preguntará el lector. En este pequeño mundo ese no es el único debate.

Existen discusiones que giran en torno a la virilidad de la familia tipográfica Bodoni, la que emplean Zara, Vogue o Carolina Herrera en sus marcas. También hay comparativas exhaustivas que señalan la mínima diferencia entre la Arial y la Helvetica, gemelas a los ojos de cualquier mortal. Hay incluso un auténtico pressing catch tipográfico para acabar con la raza Arial, y un cuestionario para comprobar tu conocimiento sobre ambas.

Si alguna vez quieres iniciarte en esta comunidad, te adelanto que la Comic Sans, esa letra tan simpática que todos hemos utilizado en el colegio para titular algún trabajo, es la bestia negra de la mayoría de estos buenos artistas. Tanto, que existe una asociación que prohibe su uso. Como se puede comprobar, este arte no está muerto; levanta pasiones.

En relación con la Helvetica, hay que decir que se ha convertido en la envidia de las familias tipográficas por un asunto: el año pasado, con motivo de su cincuenta cumpleaños, protagonizó una película documental sobre su impacto cultural y social. Totalmente recomendable, por cierto.

En el film, se le pide al espectador que contemple las miles de letras que le rodean en su vida diaria. Y es que el impacto visual que ejercen en nuestras ciudades es cada vez más importante; pero el cuidado estilístico y formal no hace justicia con nuestro entorno.

Miles y miles de caracteres descontrolados nos rodean para comunicarnos algo cada vez que nuestra cabeza se mueve y pone la vista en el horizonte. Son muchos tipos transformados en marcas y símbolos que saltan a la vista, y crean un espacio de formas y colores cuya homogeneidad es nula. De hecho, más de 50.000 tipos existen desde que Gutenberg inventara la imprenta allá por el 1450, por lo que el popurrí tipográfico es inabarcable. Salir a la calle es una muestra de arte tipográfico que nuestros pasos hacen itinerante en forma de vallas publicitarias, neones comerciales, letras corpóreas o banderolas luminosas en los que la integración entre arquitectura y tipografía no suele dar un saldo positivo.

Enric Satué, un gurú del arte tipográfico, propone para mejorar el paisaje comercial urbano una serie de medidas, como reducir las letras de los rótulos a una tercera parte, controlar el número de tipografías y velar por la armonía de los colores. De momento, sus plegarias han sido escuchadas en el Ayuntamiento de Munich, que ha unificado las tipografías de los rótulos comerciales del centro de la ciudad. Y es que los tipos sólo son tipos cuando son agradables.

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9 comentarios

  1. La iniciativa de Enric tiene mucho sentido, porque no se entiende, por ejemplo, que un Ayuntamiento vigile las construcciones, la limpieza de fachadas y pavimento, y descuide la contaminación tipográfica que, en muchas ocasiones, es un verdadero disparate de gusto y limpieza. Me recuerda a esos concursos o actividades que tienen un montón de patrocinadores, cuyos logos salen juntos al pie de los cartelones, creando una amalgama bien indigesta.
    En cuanto a la Helvética, qué decir… Que si alguien tiene dudas, visite los clips de la película a la que enlazáis para comprobar hasta qué punto es elegante, majestuosa y versátil. Y sí: la Comic Sans al paredón.

  2. Todos usamos la Comic Sans de pequeño. El que esté libre de pecado, tire la primera piedra.

  3. Tremendo sitio web muchas felicitaciones !!!!

  4. La página con la que enlazan las tipografías (http://es.letrag.com/) es un gran descubrimiento para mí, anotada queda. Interesantísimo artículo.

  5. Enhorabuena!! Gran grupo, gran presentación y gran proyecto.

  6. Tristemente a mi me tienen atada a la Arial Narrow… ARTICULO MUY INTERESANTE

  7. Interesante reportaje Markus, pero que no supera a la foto del proyecto con esa pose flamenca: a la guitarra “el niño de benalmádena”

  8. Soy fan de las tipografías. Es un microarte, diríamos inscrito en otras artes, formando parte ellas. La parte del todo, es ahí cuando se le resta importancia, o visualmente (al estilo Gestalt) se dice que es la gran olvidada.
    Pero a mi me duele en el alma (y a los ojos) una Mankisupa para portada de un disco, cuando es mucho más efectivo recurrir a una Helvetica y,como alternativa, reducir el espacio entre carácteres.

    Bueno, después de ganarme el título de freak defendiendo a las pobres tipografías a las que se les da un malísimo uso ahí van links de estudios que entienden un rato de tipografías:

    http://www.smeltery.com

    http://www.burodestruckt.com

  9. Muy interesante saber que el tipo de letra puede provocar discusiones, pero a mi me sigue pareciendo mas simpática la Comic Sans, parece que endulza los informes que hay que escribir.