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urbit.esVideo & Audio

Colgados de la ola, con Ibon Amatriain

Giacomo Muci • 27/05/2008 • Área: Activo, Vídeo&Audio

Oiartzun. 12:45 a.m

Ibon Amatriain para la furgoneta ante la fábrica de Pukas y baja para recibirnos. El equipo de urbit.es se acerca a la entrada y estrecha la mano de Amatriain, nominado al trofeo Eddi Aiaku, uno de los máximos galardones internacionales del surf. “¿Entramos?”, pregunta el ‘tamañero’ (surfea olas de 7 metros, es decir, de ‘tamaño’). Entonces pasamos al lugar en el que Pukas lleva fabricando tablas desde finales de los 70. El buen rollo se mastica en el aire.

¿Y si sólo pudieras llevar una cosa a una playa desierta? La respuesta depende de muchas cosas. Del sexo del encuestado, por ejemplo. En el caso de preguntar a un hombre, respuesta múltiple: un bocata, una navaja suiza o una pelota. Si se pregunta a una mujer, respuesta única con matiz: un GPS de cobertura satelital y radiobaliza global para una localización inmediata, con lima de uñas incorporada para la espera. Pero si dependiera de un hombre o una mujer que no pueden vivir sin la ciudad, ¿qué llevarían ellos?

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Ibon Amatriain respondería, “llevad una tabla de surf”. De hecho, la vida que se consigue surfeando es más activa, y además compatible con la vida urbana. “Con el surf nace una ciudad distinta pero en el agua, una comunidad”, dice el deportista. La única limitación según el ‘tamañero’, que ha surfeado por todo el mundo, no es vivir lejos de una ciudad costera, sino “no haberlo probado y sentido”.

“El surf es duro, más de lo que algunos piensan cuando se ve en la tele”, dice el campeón, “pero si lo pruebas una vez, tu vida cambia”. “Imaginad que vivís en una ciudad muy grande, como Barcelona” dice el surfero. Fácilmente imaginamos una ciudad soleada, coches arriba y abajo, autobuses y trenes abarrotados. “Cuando entras en el agua entras en un sitio muy diferente, no sólo conoces gente en el agua; compartes las olas, y eso une”. Aunque el surfero siempre desea “la soledad para poder coger olas sin imperdimentos”, es lógico que el surf cree comunidad. Si llevas una tabla de surf a esa isla, no estarás solo.

1:15 p.m

El equipo de urbit.es sigue un recorrido complicado dentro de una auténtica fábrica del surf. Está lleno de pasillos que acaban en salas con soportes para tablas, y trabajadores con monos blancos. La mayoría parecen estar acariciando el material. “Aquí se une el arte manual de los artesanos del surf, los shapers, con una cadena de producción que llega a importar material continuamente desde Suráfrica. La técnica de trabajo es muy compleja. Todos los shapers cabizbajos responden lo mismo ante las preguntas. ¿Cómo aprendiste a hacer esto? y ¿cuánto tiempo te ha llevado? “Pues empecé haciendo surf, claro. Hace mucho tiempo”.

El surf está ligado a la cultura desde antes de que llegara a orillas de California, donde adquirió fama internacional. Esta cultura de comunidad pacífica, rodeada de argots provenientes de Polinesia nació hace más de tres siglos pero estalló con el hawaiano Big Kahuna a principios de siglo. Duke Kahanamoku, el big, conquistó cinco medallas olímpicas a partir de 1912, y era aficionado al surf tradicional.

La misma palabra Pukas es el plural de Puka, que en hawaiano corresponde a “agujero”, un símbolo de la ola que debe atravesar el deportista en plena acción. “Todo eso hace que la gente que lo prueba sienta una ligera adicción, y de ello da fe la comunidad que también se está generando en internet”, dice Amatriain. “El surf es un deporte duro en el que hay que comprometerse sobre todo al principio, pero que una vez probado, si se elige como deporte, puede dar mucha felicidad”, recalca.

La expansión de esta comunidad deja tradiciones a su paso. Ninguna playa queda indiferente cuando el colectivo surfero descubre su existencia. Sólo hay que acercarse a las más veteranas, Zarautz o Mundaka. Éstos son ahora mismo los nombres internacionales del surf y los deportistas vienen sólo para ‘coger sus olas’.

Dentro del agua es fácil escuchar hablar otro idioma mientras flotas sobre tu tabla, y fuera del agua surgen pequeñas tradiciones lugareñas. En Mundaka, por ejemplo, al campeón de la prueba internacional que allí se celebra lo levantan en hombros y lo lanzan al agua desde lo alto del embarcadero. Por simpatía.

“La cultura del surf empieza en playas de fácil acceso en las que las olas son relativamente sencillas. Después, los que se enganchan recorren la costa en busca de olas más rápidas y más grandes, incluso si hay fondos de roca y existe peligro”, dice el surfero.

Alude por ejemplo a la Playa Gris, acantilado de difícil acceso situado entre Guetaria y Zumaia, en Guipuzcoa. Él acude frecuentemente allí acompañado de su inseparable equipo de tow-in, técnica de arrastre por moto de agua hasta la ola más grande.

“Así la comunidad se extiende a medida que la gente coge nivel, las playas menores no quedan abarrotadas y el círculo continúa. Pero aunque el surfero busque la playa perfecta y desierta, siempre encuentra a alguien, y aunque sea un inexperto siempre hay buen rollo, porque las olas se comparten”, dice Amatriain.

1:50 p.m.

Después de visitar la fábrica entera y hablar con los shapers llega la hora de comer y empiezan a cerrar. Pero antes, un shaper enmascarado y de acento portugués, que acabó su trabajo antes de nuestra llegada, accede a pintar una tabla sólo para nosotros, lo grabamos. Ya en la puerta, Ibon Amatriain, que nos ha concedido una videoentrevista se queda un rato con nosotros mientras nos enseña el almacén. Allí hay tablas para todas las edades, para todos los pesos, gustos y colores. Allí hay tablas para mantener viva la comunidad del ‘buen rollo’.

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2 comentarios

  1. Bueno, no puedo más que felicitaros. En Urugay os dirían que sois los unos. Pues eso.

  2. Me ha gustado mucho el diseño de la página y está todo muy cuidado. Felicidades, modernosssss